Valero

Es el único pueblo que ha tenido el valor de adentrarse en las entrañas de la Sierra de las Quilamas, los demás que lo intentaron, como Valdeáguilas o Cargamancos, han desaparecido entre las brumas de la leyenda, el resto se sitúa en el borde disfrutando del espectáculo de esta sierra tan bella como inhóspita. Valles profundos y laderas de vertiginosas pendientes dificultan grandemente su aprovechamiento.

Por ello no resulta extraño que la leyenda de la reina Quilama cuente que el último rey visigodo Rodrigo, tras caer derrotado en la Batalla de Guadalete frente a los árabes, se refugiara en una castillo que habría en la cima del monte “Castillo Viejo de Valero”, del que no quedan más restos que la leyenda con sus supuestos tesoros escondidos y restos de un castro prerromano.

Valero se encuentra 800 m. más abajo del “Castillo Viejo de Valero”, en un profundo valle a 584 m.; con sus casas apretadas junto al río Quilamas. Está rodeado de montañas inacce- sibles y llenas de una variedad florística extraordinaria gracias a los diversos microclimas que se crean según las diferentes condiciones locales de altitud, orientación, humedad, etc. Son condiciones difíciles donde el suelo es tan escaso como productivo, pero de las que Valero ha sabido sacar provecho con esfuerzo e ingenio.

Con gran esfuerzo han levantado paredones en las laderas que han rellenado con suelo traído en mulos de las escasas vegas del río para obtener así tierras de cultivo. El resultado es una auténtica obra de ingeniería que dibuja un paisaje de laberínticos bancales imposibles de reproducir hoy día. Por otra parte han sabido aprovechar la diversidad en el tipo y en el tiempo de la floración para desarrollar la apicultura como medio de vida. Un oficio que ha ido creciendo y extendiéndose al resto de España como actividad trashumante, y que ha hecho que Valero se haya convertido en el primer productor de miel y polen de España, con una calidad ya legendaria.

Valero es un sitio tan entrañable, un lugar tan especial y tan bello, que quien lo conoce no lo olvida, llegando su recuerdo a sitios tan inesperados como Texas (USA). Allí llegó en el siglo XVIII el entonces Marqués de Valero como virrey de América. En Texas fundó la misión San Antonio de Valero, en memoria a este pueblo. Ésta misión dio origen luego a la populosa ciu- dad de San Antonio (con más de un millón de habitantes) y la propia misión será conocida más tarde como la legendaria El Álamo.